Esta ruta nace propiamente en Llano Alto, paraje que hace honor a su nombre y se sitúa un kilómetro por encima del Santuario del Castañar. Desde allí son varias las rutas de senderismo que tienen su origen, tratándose de un paraje estratégico para el conocimiento del hermoso valle del río Cuerpo de Hombre.
Hay que iniciar el camino que sale en dirección sur y cuando éste se divide en tres debemos tomar el del medio. Con él ni descendemos bruscamente hacia el río, como ocurre con el camino de la izquierda, ni ascendemos hacia las cumbres, como sucede con el de la derecha, sino que vamos ladeando el valle y teniendo una amplia y significativa vista de él a lo largo del todo el trayecto. En varios lugares de la ruta nos encontraremos con pasos cerrados para el ganado y permitidos para las personas, por lo que no hay que olvidarse de cerrarlos una vez pasados. En el primer tramo los ascensos y descensos que se dan son apenas perceptibles y se conjugan zonas bastante boscosas de castaños y robles con otras abiertas que nos permiten observar las altas laderas de la Sierra de Béjar, su nieve, sus valles de origen glacial, sus torrenteras que descienden en cascadas hacia el río. En medio de todo ello está la localidad de Candelario, el bello pueblo montañero de la zona. En este trayecto tenemos que destacar la posibilidad de ver junto al camino varios ejemplos de arquitectura rural ganadera, edificios que presiden las praderas de pasto y de diente, construcciones de mampostería de granito y sillarejo combinado con vigas de castaño y teja árabe. En la zona estas construcciones son denominadas majadas o tenados.
La única desviación que puede plantear dudas al senderista se produce al final de este tramo cuando un camino comienza a ascender por la derecha en medio de un bosque frondoso y húmedo. No debemos tomarlo, al menos para esta ruta, es el camino de los Paporros que nos conduciría a la localidad de La Garganta, al otro lado de la montaña, ya en la provincia de Cáceres. Más adelante comenzamos a descender junto a un hermoso abedular (este árbol es una reliquia de épocas pasadas, su presencia en la Sierra de Béjar marca uno de los puntos más meridionales de toda Europa) y lo hacemos hasta cruzar el arroyo de las Palomas, llamado así porque este collado es lugar de paso de estas aves durante el otoño. A partir de ese punto el camino comienza un brusco ascenso que nos conducirá, entre amplios pinares, hasta la presa de Fuentesanta, meta de la ruta propuesta. La presa inaugurada en 1984 está diseñada con cimentación y escollera de rocas de granito (a prueba de terremotos) sobre el cauce del arroyo de las Angosturas, aunque la mayor parte de su caudal la recoge canalizada del cercano río Cuerpo de Hombre. Desde allí, aparte de la siempre relajante contemplación de una gran lámina de agua, percibimos, ya desde cierta altura, el discurrir entre bosques y praderas del río mencionado. También tenemos una perspectiva frontal, más cercana, de los valles colgados de la sierra donde, en muchas ocasiones el blanco de la nieve se tinta del rosa del crepúsculo haciendo pensar al senderista que ha sido una buena idea acercarse hasta allí.
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