El río Cuerpo de Hombre es la columna vertebral hidrográfica de esta región. Su nexo con Béjar es tan profundo que hasta su prosperidad industrial está íntimamente ligada con las características de las aguas de este río y así, los grandes complejos fabriles secundan su paso y aprovechan sus cualidades, en batanes, saltos de agua, canales, ruedas de cárcabo, centrales hidroeléctricas, etc.
Pero este río de tan curioso nombre es mucho más que un río industrioso. Todo el tramo alto, desde su nacimiento hasta Béjar, configura un rico ecosistema donde destacan los paisajes de alta montaña y apretada vegetación. Su nacimiento está situado en uno de los parajes más espectaculares de la provincia salmantina y sin duda el más alpino: Hoya Moros. Desde sus más de 2.000 metros de altitud se precipita por escalonados valles en dirección a la Dehesa de Candelario, lugar donde recibe por la derecha y por la izquierda varios arroyos de montaña: Majadillas, Navamuño, Regajo Vicioso y el Manzanal. Poco después sus aguas son desviadas para nutrir el pantano de Fuentesanta, que se desarrolla en otro afluente, el arroyo de las Angosturas. Entre espléndidas alisedas discurren sus aguas pasando, a veces debajo de puentes históricos como Puente Nueva o el Puente de La Abeja, o remansándose en pesqueras como las del Canalizo, el Molino o Pesquera Negra, muy populares entre los bañistas. Todavía, antes de llegar a Béjar, habrá de recibir una importante cantidad de agua a través del llamado río del Medio (o río de Candelario) y del río Navaluenga, ambos originados en los altos neveros de la sierra y en múltiples manantiales. En la misma ciudad le llega la afluencia notable del río Frío y son numerosas las represas de antiguo uso molinero e industrial que reciben castizos nombres: el Cubo, pesquera de las Golondrinas, de la Luna, de los Caballos, de los Capitanes, o de los Ladrones.
No pierde su ímpetu el río Cuerpo de Hombre, libre ya de las obligaciones fabriles, por debajo de Béjar, pues todavía tiene que sortear tortuosos recorridos en los impresionantes saltos del Tranco del Diablo y en las estrecheces del valle en Valdelageve, después de ver incrementado su caudal con arroyos como el de Hontoria y ríos como el Sangusín. Así, y ya relajado, se entrega al río Alagón en las cercanías de los puentes de Sotoserrano.
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