La altitud y la orientación de la Sierra de Béjar, 2400 metros expuestos hacia el oeste, provocan que esta montaña del Sistema Central español sea uno de los lugares más lluviosos de la Península Ibérica. Ese clima continental subhúmedo que caracteriza a la zona hace posible la frondosidad de sus bosques que no ha pasado desapercibida para ningún visitante, sobre todo porque tal aspecto contrasta bruscamente con el que las regiones aledañas (Campo Charro y dehesas extremeñas), mucho más secas y vacías de bosques, ofrecen.
La mayoría de los montes bejaranos lo componen bosques de frondosas y caducifolios, castaños y robles melojos especialmente; pero durante el pasado siglo buena parte de las laderas medias de la sierra se replantaron con pinares de pino silvestre lo que añade a la zona un carácter aun más norteño y atlántico. Pero donde aparecen especies arbóreas muy escasas en otros lugares y dignas de reseñar es en las orillas del río Cuerpo de Hombre y el las de los arroyos que lo nutren. Así en los bosques de ribera que cortejan el paso del agua pueden verse grandes alisedas, avellanares y saucedas junto con bosquetes más reducidos de abedules (un árbol que en Béjar encuentra uno de los puntos más sureños de Europa en los que crece), acebos (especie en peligro de extinción), serbales de cazadores, arces de Montpellier, etc.
Volviendo a los mayoritarios castaños y robles hay que señalar, respecto a los primeros, que sus bosques ya eran cuidados escrupulosamente en el siglo XVI con las ordenanzas dictadas para su conservación y que hoy en día, forman una gran masa forestal que, junto con los bosques de este mismo árbol de la Sierra de Francia, de Hervás y del sur Ávila, configuran el más grande castañar de España. Este árbol siempre ha estado íntimamente ligado al hombre de la zona: la patrona de Béjar, sin ir más lejos, se llama la Virgen del Castañar, el fruto del árbol congrega en otoño a las pandillas alrededor de la tradicional calvotá: asado de castañas en le monte. El roble sustituye al castaño a partir de los 1.400 m. de altitud y es el árbol autóctono por excelencia, que como aquel sigue siendo muy apreciado por su madera.
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