A pesar de que la comarca de Béjar esté situada en la provincia de Salamanca son muchos los factores que la relacionan con la aledaña de Ávila. Uno de ellos tiene que ver con la exuberante y espectacular naturaleza que la rodea; naturaleza alpina mucho más ligada con las sierras de Barco y de Gredos que con la montaña salmantina. De hecho muchos geógrafos consideran a la Sierra de Béjar como el macizo occidental de Gredos.
Gredos es el gran sistema montañoso de la zona y comparte con nuestra sierra su morfología, el granito como roca base, y el aspecto que el paso de los glaciares ha dejando en la montaña.
Para acceder a la sierra de Gredos desde Béjar hay que tomar la N-630 dirección Salamanca y desviarnos por la derecha hacia Barco de Ávila. Esta localidad es la puerta de Gredos y punto de origen para todo excursionista que quiera internarse en la montaña. Por la carretera que conduce al Puerto del Pico, siempre con la compañía del río Tormes por nuestra derecha, vamos recorriendo una sucesión de pueblos serranos llenos de encanto y arraigo alpino. Bohoyo, uno de los primeros que vemos, es el punto de partida para todo el quiera acceder a la sierra como se hacía en la primera mitad del siglo XX, a pie y por la larguísima garganta de Bohoyo rodeado por un paisaje espectacular. Si el visitante no quiere emular a los antiguos montañeros ha de tomar la carretera hacia Hoyos del Espino, no sin antes parar en otras localidades como Navacepeda de Tormes, en cuyas cercanías está la famosa charca de las Paredes, lugar ideal para le baño, en verano, junto al viejo puente del mismo nombre. Volviendo a Hoyos, desde la salida de este pueblo nace la carretera que conduce a la plataforma de Gredos, lugar de inicio de las excursiones hacia el macizo central: desde allí se puede acceder, por distintas veredas señalizadas, hasta el circo y la Laguna Grande de Gredos; el Almanzor; el circo de Cinco Lagunas, El Gargantón; y en dirección Este hacia los picos de La Mira y los impresionantes Galayos. Todas estas excursiones permiten conocer la esencia de la montaña vecina pero, por su dureza y cierta peligrosidad, debe tratarse el excursionista de una persona avezada y experta.
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